A pesar de su tamaño, Pontecesures ha sido uno de los municipios de la provincia de Pontevedra que más titualres ha acaparado. Porque todo allí ha sido digno del mejor culebrón venezolano.

Era previsible que el PSOE no pactara con el BNG debido, de nuevo, a las malas relaciones entre los cabezas de lista. Con el resultado final, sin embargo, no contaban ni los dirigentes autonómicos socialistas ni nacionalistas; la que fue investida como alcaldesa fue una concejal independiente que había cosechado unos 200 votos en las elecciones de mayo. Una vez expulsado del PSOE por evitar que el nacionalista Luis Alvarez Angueira se hiciese con el bastón de mando, Luis Sabariz tuvo vía libre para pactar un tripartito con la regidora y el PP. A pesar de declararse socialista incluso después de la polémica, no le tembló la mano para abrazarse con su supuesto enemigo. Fue el ejemplo más claro de que el acuerdo marco de Santiago y las directrices del partido no siempre pueden más que el deseo de dos cabezas de lista de permanecer separados.

Las elecciones del 27 de mayo no han hecho más que devolver a Cesures a una primera línea informativa que ya había saboreado.

El caso del coche municipal que repostaba sin ton ni son (115 litros en un lapso de cuatro horas en un día no laborable) colocó a Angueira en la picota y permitió a Sabariz (actual tesorero en Sanxenxo, allá donde las mayorías absolutas del PP han desterrado los pactos) convertirse en el azote de un Gobierno del que él mismo había formado parte justo con las mismas competencias que ahora desempeñará.

Sabariuz reconoce que no es legítimo que una alcaldesa gobierne con 200 votos. Pero no le ha importado con tal de que Angueira no repitiera como alcalde.

DIARIO DE PONTEVEDRA, 02/07/07