Los trenes «cortos» Vilagarcía/Santiago y viceversa que fueron suprimidos tras la pandemia no se recuperaron.

Paulatinamente fueron recuperándose tras la pandemia los servicios ferroviarios A Coruña/Vigo y Santiago/Vigo (y viceversa) que discurren por la vía convencional y efectúan paradas en las estaciones de Padrón, Pontecesures y Catoira.

No obstante, hay que recordar que en 2020 con motivo de la pandemia fueron suprimidos los servicios de proximidad Vilagarcía/Santiago y viceversa que efectuaban paradas en las estaciones de Padrón y Pontecesures y que hasta la fecha no fueron recuperados. Ahora que se quieren potenciar por parte de todas las fuerzas políticas los trenes de proximidad resulta fundamental que se presten de nuevo estos servicios. Pero deben tener unos horarios que no se solapen prácticamente con otros servicios del Eje Atlantico, como sucedió desde que fueron creados en 2015 y, sobre todo, deben efectuar también paradas en Catoira, pues, inexplicablemente, no lo hacían lo cual motivaba numerosas quejas pues en dicha estación, además de los vecinos de la localidad, suben o bajan usuarios de la zona del Barbanza.

Por lo expuesto se insta a Renfe Comercial que los llamados trenes «cortos» vuelvan a circular. Superada la pandemia no hay motivo alguno para decidir unos recortes que perjudican a los usuarios del ferrocarril de las villas por las que transcurre la vía convencional.

Por otra parte, hay que reiterar por enésima vez, que muchos de los trenes que circulan por el Eje Atlántico y que paran en Pontecesures, Padrón y Catoira no llevan interventor a bordo con lo cual se puede viajar gratis al no despacharse billetes en estas estaciones. Yo mismo viajé esta semana en el tren que sale de Pontecesures a las 7:34 horas para Pontevedra y comprobé que en ninguno de los cinco días laborables venía un interventor en el convoy. Resaltar esta incidencia es importante pues los datos estadísticos en cuanto al número de usuarios del servicio en estas localidades no se ajustan para nada a la realidad y ello puede tener una incidencia negativa a la hora de decidir las inversiones para mejorar los servicios. Muchas veces se denunció esta circunstancia pero parece que todo sigue igual.

Luis Ángel Sabariz Rolán
Exconcejal de Pontecesures

Una valla absurda.

Después de toda una vida teniendo la posibilidad de acceder a la estación de ferrocarril por la zona más próxima al Coche de Pedra se le ocurre al ADIF colocar esta valla para que los usuarios del tren entren al recinto por la entrada próxima al edificio de la estación.

No se entiende esta medida, y la gente entra igual a los andenes por el pequeño espacio que podemos apreciar.

En fin, gasto inútil y comentario generalizado de crítica por parte de todos.

Tanis y los bocadillos de calamares.

O Tranquilo abrió sus puertas hace 38 años al pie de la cuesta que conduce a la estación de ferrocarril de Vilagarcía. En un solo fin de semana es capaz de despachar sesenta kilos de un rebozado que quita el hipo

No le den más vueltas, porque no las tiene. Después de haber meneado el bigote en algunos de los templos del ramo, incluidos esos bares que rodean la plaza Mayor de Madrid y alguno que otro en Sevilla, el que esto escribe es capaz de sostener, sin temor a tener que enmendalla, que el mejor bocadillo de calamares que uno puede degustar sobre esta tierra se prepara en una pequeña taberna de Vilagarcía de Arousa. Si alguien se empeña en llevar la contraria, se le invita a un par de ellos, a una caña de cerveza y aquí paz y después gloria, porque cambiará de opinión, seguro. El artífice de este modesto milagro culinario es Estanislao García, que el 4 de agosto de 1984 tuvo a bien abrir las puertas de O Tranquilo en lo que hoy es la avenida Doutor Moreira Casal, al pie de la cuesta que conduce a la estación de ferrocarril. Este detalle, que podría parecer nimio, resultó, con el paso del tiempo, fundamental para el éxito de un negocio que en verano, cuando las gentes de Santiago, Padrón, Pontecesures o Catoira se suben al tren para poder extender sus toallas en la playa de A Concha, se llena hasta la bandera.

A Tanis, que nació en Caleiro (Vilanova de Arousa), le atrajo el mundo de la barra desde que era bien canijo. «Facíame ilusión, sendo pequeno, facer os cornechos, ese cucuruchos de papel nos que se levaban produtos como a fariña, na taberna da señora Laura, en Currás, que tamén era tenda». Andando los años, el futuro tabernero tuvo la oportunidad de preparar un bajo en Vilagarcía, propiedad del tío de Ana, su mujer, donde antiguamente habían funcionado los talleres de electricidad San Juan. Así nació un bar que debería haberse denominado Tania, combinando los dos nombres de la pareja, pero se acabó llamando O Tranquilo por insistencia de un cliente irreductible. «Veña a dicir e dicir que isto tiña que ser O Tranquilo, e Tranquilo lle quedou».

Desde el principio se prepararon bocadillos y, aunque Tanis probó fortuna con las hamburguesas, que pronto desaparecido de su pizarra, el de calamares se coronó como el rey de la carta bien temprano. Siempre con el mismo pan, que le sirve la panificadora Víctor Cordo, este bocata es un símbolo de la Vilagarcía de los pequeños bocados. «De verdade que clientes que poden vir de todas partes, mesmo de Sevilla, proban e din que non hai un bocadillo de luras mellor», advierte Guillermo López, que distribuye entre la barra, las mesas y la terraza lo que Tanis elabora en una cocina cuyas exiguas dimensiones contribuyen a ensalzar la calidad y el sabor de lo que se cuece en ella.

No teman los hambrientos, que la cantidad de vianda es generosa. El rebozado está en su punto. Crujiente y sabroso, cubre cada pieza en la medida justa. El resto lo hace el pan. Entre raciones y bocatas, Tanis y Guille son capaces de despachar en un fin de semana sesenta kilogramos de calamares, que en absoluto agotan sus especialidades.

Todo se elabora aquí mismo

La zorza, que se come sin patatas, está de muerte. El jamón asado, con o sin queso, el raxo, el lomo con su salsa… Y todo se prepara aquí mismo. Los calamares se limpian y se dejan listos para la freidora. La carne se adoba. «Este home, de verdade, ten man para a cociña, e dígovolo eu, que tampouco son manco», sostiene Guillermo. De todas formas, interviene Tanis, «aquí o máis importante é a clientela sa que temos, á que coidamos coas nosas tapas e cun bo treixadura». Servido en jarras frescas, en taza o en copa, el vinillo le sienta a las raciones y a los bocatas como una bufanda al cuello en este invierno de nortadas. Lo de la clientela es una verdad como un templo. «Non é un bar de clientes, é un bar de amigos, practicamente familia». Cierto. Con o sin bocadillo, da gusto entrar para echar un trago y una parrafada. Xosé Conde Corbal, pintor, grabador y vecino de portal, lo sabía perfectamente. Su talento permanece reflejado en varias obras que cuelgan en O Tranquilo. Como 33 portadas de la prensa deportiva que recogen las hazañas del Madrid. «Cando gaña a Champions, faise unha paella. Este ano é mellor que non. Non porque eu sexa do Barça, eh? É polo traballo». Lo dice Guille, el único barcelonista a ese lado de la barra.

La opinión del experto

 Mejor sin limón. Junto al plato en el que se sirve el bocadillo, Tanis dispone un envoltorio de papel. Antes, O Tranquilo despachaba sus muchos bocatas para llevar envueltos en papel de aluminio. Ahora lo hace con este sobre por una razón tan sencilla como convincente: «O papel impide que se cozan coa calor, e así chegan ben fresquiños á casa ou onde os queiras comer». Y, sobre todo, conservan su característico toque crujiente. Pero hay otra pregunta, y esta sí es la del millón: el calamar, ¿con limón o sin limón? «Nós poñémolo por se o queredes botar, pero eu, mellor sen limón», afirma Tanis. Guille asiente: «Sen limón». En cambio, al raxo, que también está muy bueno, le sientan de maravilla unas gotas de tabasco.

La Voz de Galicia

Tanis, do Bar Tranquilo: «Os galegos somos xente de barra; aquí é onde fas a caixa».

Tanis, con vivenda en Porto, servindo un par de tazas.

La hostelería arousana celebra el regreso al consumo en los mostradores, sobre todo en locales pequeños como O Tranquilo

Vamos a saltos. La pandemia desatada por el coronavirus y la manera, en tantas ocasiones peculiar, de combatirla a través de las cambiantes restricciones ha convertido el día a día de la hostelería en una yincana de dos años, que ahora se toma, al menos, un buen respiro. Si el 25 de febrero del 2021 los bares volvían a servir a su clientela si quiera en las terrazas, tras el arreón navideño de contagios, el 29 de enero del 2022 pasará a los anales del sector por haber supuesto la reapertura del elemento nuclear de cualquier establecimiento de estas características: la eterna barra.

Los datos habrá que actualizarlos de nuevo, porque en tiempos de pandemia la mortandad de los negocios también es grande, pero, según Turismo de Galicia, en los once municipios que conforman la orilla sur de la ría de Arousa permanecían activas a estas alturas del año pasado 1.222 licencias de bares y cafeterías. Aunque la barra es importante para todos y cada uno de los negocios, por pura lógica adquiere categoría de imprescindible en los locales más pequeños. Nos acercamos a uno de ellos para ver qué se cuece en el día de su resurrección, y la respuesta que nos encontramos en O Tranquilo, en la subida a la estación de ferrocarril de Vilagarcía de Arousa, no puede ser más redonda: «Os galegos somos xente de barra; aquí é onde fas a caixa, home».

Habla Estanislao García, que desde los años 80 regenta un bar al que sus bocadillos de calamares, zorza y jamón asado han convertido en una referencia imprescindible. Tanis insiste en que el verdadero núcleo del negocio está en los metros de mostrador en los que cerca del mediodía sirve un té, una taza de treixadura y otra de tinto del país. Alrededor, apenas media docena de mesas que se completan con una terraza exterior de una sola hilera. Guillermo López, compañero de fatigas, aporta otra buena razón para celebrar su reapertura: «Non é a primeira vez que en cada mesa senta un só cliente, así que con seis persoas tes o bar cheo e non paras de andar de aquí para alá». Parece ser que, en su acepción actual, el término procede del inglés bar, que denotaba la barra en la que los bebedores descansaban sus pies. Todo son ventajas, bendita sea.

La Voz de Galicia

Sigue el abandono en la estación de FF.CC. de Pontecesures.


Las imágenes que transmite la estación de FF.CC de Pontecesures situada en el centro de la villa son realmente lamentables. La impresión que se da a los usuarios del tren que viajan a través del Eje Atlántico nos perjudica y mucho como municipio. Las pintadas en el edificio cubren prácticamente toda la fachada e incluso ya impiden ver los cuadros con los horarios de los trenes. Ahora ya se pinta también en el suelo de los andenes con total impunidad. El recinto tiene cámaras instaladas pero se ignora si el ADIF comprueba las imágenes para tratar de identificar a los autores de estos actos de gamberrismo. Esta circunstancia se comunicó al administrador ferroviario esperando que se actúe con urgencia para acondicionar el edificio y los andenes.

Por otra parte, la zona de jardín no se cuida en absoluto con maleza que crece por todas partes y, en contra de lo que se anunció, no se recuperaron todavía los servicios de trenes que teníamos antes de la pandemia.

Sólo queda hacer una reflexión: Todas las portadas son para el próximo AVE a Galicia, para los servicios en las grandes ciudades, para los velocidades a alcanzar con los nuevos trenes, para los fondos europeos que se pueden destinar al ferrocarril, etc…, pero parece que los servicios de proximidad en las pequeñas villas por las vías convencionales poco importan. A ver si esto cambia algún día.


Luis Ángel Sabariz Rolán.

Exconcejal de Pontecesures

Valga apuesta por la creación de un apeadero de tren en el municipio.

El Concello traslada a Comisiones Obreras la propuesta de implantar también un puerto logístico al servicio de las empresas

Dentro de la ronda de reuniones que Comisiones Obreras está llevando a cabo para defender la articulación de un verdadero servicio de ferrocarril de proximidad en Galicia, su secretario en Pontevedra, Antón Conde Freire, acaba de mantener una entrevista con el alcalde de Valga, José María Bello Maneiro, y la concejala Carmen Gómez. El gobierno popular del municipio planteó al representante de la central una antigua reclamación: la creación de un apeadero propio, que permita a los vecinos de Valga utilizar una vía que cruza su municipio, y de un puerto logístico al servicio de las empresas del concello.

La Voz de Galicia